26/12/13

Jazz Gráfico. Diseño y Fotografía en el disco de Jazz 1940-1968. IVAM

1940-1968, cuando las carátulas se convirtieron en un nuevo arte

Hoy retomo el Blog recordando una de esas maravillosas exposiciones que coordinó Carlos Pérez sobre su gran pasión, el Jazz. La muestra fue organizada en Marzo de 1999 en el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) . De una calidad extraordinaria, la exposición fue un rotundo éxito de público y crítica, marcando un antes y un después en la percepción que había en España de esta faceta artística que no solo se limitaba a las portadas de discos de jazz. La muestra marcó de forma clara cómo el diseño y la gráfica aplicada en el disco de jazz podían ser objeto de exposición en un museo.  Aquí os dejo como homenaje personal a este gran erudito y referente de la cultura que fue Carlos Pérez, mi primera reseña como crítica de arte en el Suplemento Cultural Posdata Levante-emv.

Artículo publicado en el  Suplemento Cultural Posdata (Levante-emv. 9/04/1999)

 


En el corazón de la ciudad late la música de jazz”, imagen que evoca clubes y locales nocturnos del Nueva York de los años cincuenta, donde  se escuchaba el relajado lirismo de Baker, la suave guitarra de Wes Montgomery o la deslumbrante técnica de Taylor. Música que fascinó a los artistas, diseñadores y fotógrafos que quisieron inmortalizar sus obras junto a estos grandes genios de la música, dejando un valioso legado en las carátulas de los discos algunas de las cuales se han podido ver en la exposición que el IVAM les dedica bajo el título Jazz gráfico.

La exposición traslada a través de sus portadas (realizadas entre 1940- 1968) al revival de Nueva Orleans, con el Bebop, pasando por el cool, soul music hasta finalizar con el free jazz, y en las que intervinieron artistas como Albers, Andy Warhol y los fotógrafos Lee Friedlander, W. Eugene Smith o Leonard, entre otros.

Contemplar las carátulas de esta exposición provoca una extraña y perversa tentación, hacia este espacio colonizado por la no música, un deseo de posesión, y es que, como dice el crítico Alain Gerber: “en las portadas se implica necesariamente al autor de la música, uns representación de su mundo”.

Las grandes compañías discográficas, como Columbia, Decca y RCA/Victor, quisieron imbuir al gran público dicho deseo de posesión, lanzando estas portadas al mercado industrial. Las primeras portadas discográficas fueron realizadas por Steinweiss en 1940 para el sello Columbia. En ellas, con un grafismo esencializado de grandes perspectivas y desequilibrios, se observa una clara influencia de la Vanguardia y del cartelismo europeo de entreguerras. Estas tendencias plásticas de vanguardia procedentes de Europa influyeron en toda una serie de diseñadores gráficos como Paul Bacon, Jim Flora o Murrae Stein, de las que tomaron rasgos estilísticos poniéndolos al servicio de este nuevo arte.

                             

A mediados de los años cincuenta –con la aparición del long play de doce pulgadas, los avances fotográficos y la impresión offset- se produjo la inclusión de la fotografía en las cubiertas discográficas.

Muchos diseñadores, como Reid Miles, Paul Bacon o Burt Goldbart, no quisieron renunciar al diseño gráfico y combinaron la tipografía moderna con la fotografía, consiguiendo cubiertas de gran fuerza creativa y riqueza conceptual. Pero será con el realismo fotográfico cuando se manifieste una más clara interrelación entre portada y disco, una relación fetichista, espectral, como dirá Alain Gerber: “La representación de la portada del disco es una muestra de una imagen que es ella misma representación de una audición y de un espectáculo inerte”.
Fotógrafos como Phil Stern, Leonard, Friedlander o Smith se caracterizaron por sus representaciones realistas de los jazzmen, recreando sus atmósferas, la historia del entelado rojo, humo de cigarrillos, saxófonos y micrófonos, con gran precisión del detalle, reproduciéndonos ese espectro sonoro. Destacan las portadas de Friedlander, de gran resolución visual y cuidada forma, o el magnífico retrato del  pianista Thelonius Monk, realizado por Smith y que cerraba la exposición, junto a un diseño de John Berger.
A finales de los años sesenta, la tendencia pop fue asimilada por las compañías discográficas, los Beatles y su Sargent Pepper´s inauguraron la moda de los álbumes conceptos, las portadas más novedosas ya no correspondían al ámbito del jazz. Pero la música todavía está ahí, en sus rincones, en sus clubes que constituyen el centro del corazón del arte, hoy universal, que es el jazz.