28/12/09

TAKASHI MURAKAMI

El fenómeno social y económico que ha supuesto la cultura superflat, arranca de la consideración de ésta como una forma de “post arte pop”, en el contexto de la experimentación estética, social y coyuntural de Japón. Tras la segunda Guerra Mundial, los artistas se cuestionan en un momento determinado ¿Qué ha ocurrido en la escena cultural de Japón? ¿Cuáles son sus características culturales? ¿Seguimos anclados en un arte tradicional, o hemos perdido nuestras raíces? ¿En que nos hemos convertido? Ante estas cuestiones, la mayoría de los artistas se encuentran con una mirada crítica hacia un consumismo exacerbado y un fetichismo sexual que sobrevino después de la occidentalización de la cultura japonesa tras la post-guerra. Por tanto, desde una perspectiva "postmoderna", nos encontramos este nuevo movimiento fundado por el artista nipón Takashi Murakami (Tokio, 1962), creador también del género poku, una fusión entre el arte pop y la cultura Otuka, término utilizado en Japón para describir a aquellos seguidores del manga y el anime, intrínsecamente articulados con el consumo, las imágenes virtuales y la tecnología. Sin embargo, Murakami va más allá de la imagen superflua, y su investigación se centra en el encuentro o punto de unión, entre la pintura tradicional japonesa y las últimas corrientes Loliconas, buscando una línea de coherencia que conecte con la historia del arte. En estas pesquisas, Murakami observa una serie de rasgos comunes entre la pintura tradicional japonesa Edo y el manga; advirtiendo en ambas una carencia de perspectiva, de jerarquía, de la búsqueda de lo plano, así como la idea de que todo está “todo existe igualmente y simultáneamente”, y es en este cruce donde el artista sitúa la conexión entre la pintura tradicional y las nuevas tendencias.
Irresponsable, introvertido, plano, improvisado, pueril, antioccidental, ambiguo o bonito son algunas de las descripciones, que realiza el artista japonés sobre “superflat” y su ámbito social y cultural en el video que presenta en La Llotgeta- CAM dentro de la exposición “Superflat. New pop culture”. Video donde el autor narra una sociedad desprovista de elites sociales, en la que prevalecen las subculturas derivadas del manga, y el poder del entretenimiento sobre el arte y la cultura. Colorista y provocativa la muestra analiza los componentes del régimen en el que el arte y mercado se interrelacionan. Aquellos en los que surge la Hiropon Factory; como un enorme merchandising en el que igual se realizan series de pequeñas muñequitas de plástico, como grandes esculturas, litografías, gorras, camisetas o bolsos de Louis Vuitton. Por consiguiente, nos replanteamos la idea de especificar las características de identificación que permite comprender, en una instancia histórica, el modo en que las prácticas de los artistas pueden ser enunciadas como arte. O sea, no preguntar ¿Qué es arte?, sino, ¿Qué es lo que hace que en determinado momento ciertas expresiones artísticas puedan considerarse arte? Todos y cada uno de estos interrogantes nos hace trazar nuevas cuestiones. En este sentido y contradictoriamente encontramos a un Murakami, dentro de un grupo de artistas occidentales como Damian Hirst o Jeff Koons que han decidido montar de igual modo grandes conglomerados empresariales para poder satisfacer la extensa demanda internacional de sus obras. Es decir, si estamos analizando en un momento dado cuestiones éticas y estéticas a la hora de pensar el Arte, encontramos por otro lado actitudes paradójicas como el fomento masificado del consumismo en Murakami, o en el caso de Hirst -el que la crítica británica calificó de nuevo Picasso, y con el que ahora se muestran inmisericorde-, observamos como el libre capitalismo y la muerte se contradice en su trabajo mediante el uso de diamantes o animales; por último si nos introducimos en temas sociales, o transgresores tenemos en España un Santiago Sierra pagando a cuatro prostitutas para tatuar sus espaldas. Es en esta visión manipulada por el gran espectáculo y el escándalo que presentan sus obras, en donde observamos al mismo tiempo una suerte de hipocresía oculta; pues no son más que la manifestación de una actitud posmodernista que pretende reconstruir todo aquello que le precede para rehacer una realidad fragmentada, emergiendo ésta nueva forma de ser en que expresan su propia autoría o paternidad. Es decir, una búsqueda de reafirmar su obra cayendo en los mismos supuestos que se crítica.

Pero al margen de esta cuestionable interpretación –evidentemente todo es susceptible de ser cuestionado-, el movimiento superflat, sumergido en los cimientos de la realidad más cotidiana, en el mundo real, se redime en su propia contradicción a través de su intrínseca y profunda visión oriental.

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