1/6/04

Wenzel Ziersch & Barbara Eichhorn

La concepción temporal sentida como cuerpo u objeto sustantivizado, y concebida dentro de un inherente y humano tiempo interior, es transmitida a través del trazo caligráfico de Wenzel Ziersch, (Munich, 1965). Premisa o expresión ésta, que quizás resulte un tanto pretenciosa, si se quisiera con ello adjudicar a Ziersch el poder del viejo Dios Cronos, poseedor de los misterios y abismos temporales.
Sin embargo, existe en la visión espacial e intima del artista, un tiempo misterioso, oscuro; Marcado por la reiteración de las sagradas escrituras, acompasadas en una especie de ideogramas e infinitos dibujos pictográficos, surgidos de la incisión del lápiz o punzón sobre el lienzo, papel o cristal. Superficies monocromas que surgen como en aquellos inicios de la creación, donde según el relato bíblico del Génesis, la oscuridad emergió en los orígenes de la vida.
Hay en la obra de este joven artista una búsqueda o retorno a lo esencial, –en cierto modo cercano a una abstracción y espiritualidad Rothkiana o a la pintura negra de Malevich-. Un proceso de autoconcentración del yo, de pensamiento estratégico, próximo a aquel pensamiento manifestado por Baudrillard, que formaría parte de un destino secreto del mundo. Una negación o separación teológica que conllevaría al nacimiento de un nuevo conocimiento.
Barbara Eichhorn
 Observamos en esta búsqueda de la esencialidad, un constante elogio al dibujo, a aquellas líneas geométricas que transcurren desde los primitivos hasta Pollock, desde los códices medievales hasta Tobey. Un trazo manifiesto de la experiencia, de la materia y la memoria, con el que Barbara Eichhorn (Freising, Alemania 1965) en la sala de la Muralla del IVAM, -y compartiendo espacio expositivo con Ziersch- realiza un mural de 80 m. Muros ensimismados, atónitos ante bosques, ramas y árboles quebrados, que presagian un retorno, un silencioso pasado. Y es que la temporalidad en la obra de Eichhorn se eterniza en el espacio. Espacio transgredido constantemente por la mirada subjetiva de la artista, por esos lugares conocidos, observados, productos del conocimiento. La realidad es el espacio por el que el sujeto camina y es precisamente en el conocimiento de su propio espacio, en la observación que hace de él, sus recuerdos, sus estados de ánimo, su vida, de donde surgen sus principales temas; la madre, el niño, el bosque...se reiteran entre sus sucesivas temáticas.
Wenzel Ziersch

Pero es en estas temáticas, donde se observa una trayectoria y visión más amplia de la obra de la artista. Dimensión que permanece oculta al espectador ante las lagunas de un desconcertante mural.
Mientras, que a través de un arte profano propio de la modernidad, se pone de relieve el fuerte interés de Ziersch por obtener una hermenéutica propia, a partir de una concepción estética de bellas composiciones formales -suscritas mediante el color, la textura, el brillo y el sonido-, y la unión con la profundidad de texto que lo ha creado. Barbara Eichhorn, muestra preferencia hacia un dibujo a base de líneas de carbón que recrean una atmósfera evocadora de las ampliaciones fotográficas en blanco y negro.
El dibujo prevalece en el espacio, a lo largo de una historia, de dos vibraciones comunes, de la inmediatez de la vieja técnica al servicio de la posmodernidad. El tiempo transcurre en silencio, trazo a trazo, los dibujos recorren el bosque, mientras los signos se desvanecen como letras grabadas en la arena.

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