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“Contra la arquitectura. La urgencia de (re)pensar la ciudad” EACC (Castellón)

“La ciudad de ahora no es la proyección adecuada
de la sociedad en su conjunto, sino un mecanismo
más rígido que sirva para demorar y aplacar las
transformaciones en los otros campos, para hacer
durar más la jerarquía de los intereses consolidados”.
                                                    (L. Benévolo).

Bodys Isek Kingelez
Bodys Isek Kingelez





Decía Félix de Azúa a propósito de su obra, “Venecia de Casanova” (1989), que las ciudades  herederas de la cultura europea de la libertad se habían convertido en una gigantesca máquina. Artificio tecnócrata e institucional que había creado un fuerte nihilismo y cinismo sobre el planeta, al reflexionar, sobre las ciudades de antaño y las metrópolis modernas.


Pero, lejos queda ya, aquel viejo mito de la ciudad europea, aquella “ciudad misteriosa” de luces y sombras rimbaudianas o poética Gayana. Ciudades donde los rincones, calles o plazuelas, han sido durante siglos, centro de conexión de diferentes culturas, étnias o religiones. Mezclas heterogéneas donde cultivar las relaciones humanas, culturales y políticas, produciéndose al fin, una descentralización social, que ha cedido a una dualidad maniquea. Dualidad, en la que se concentran espacios de fuerte poder social, frente a otros menos acomodados, una especie de “apartheid urbano”, que hará desaparecer el entramado social. Viviendas homogéneas, reiterativas y uniformes que desprenden a la ciudad de su personalidad vernácula, convirtiéndola en un paisaje agredido-agresor. Espacios donde las jerarquías autoritarias han utilizado las composiciones arquitectónicas para establecer el orden y la autoridad social, sometiéndonos a un proceso de constante evolución a consecuencia de estas relaciones tanto físicas, como sociales; conjugándose ambas, para ello, en redes de poder, flujos económicos y familiares. Núcleos de fuerzas que marcan el urbanismo y refuerzan las relaciones de dominación. Una vida metropolitana que en estas últimas décadas ha modificado sus estructuras para convertir al ciudadano en un transeúnte de espacios híbridos y complejos.
“Contra la arquitectura. La urgencia de (re)pensar la ciudad”, es una reflexión sobre estos cambios ocurridos en las últimas décadas y especialmente en este fin de milenio, valiéndose para ello, de los estudios realizados por diferentes arquitectos o artistas; Absalon, Dan Graham, Matt Mullican o Isidoro Valcárcel, entre otros.


 Ya desde finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, se estableció un debate sobre el desarrollo de las ciudades y sus consecuencias sociales, eran los años que los avances tecnológicos y los mass-media incidían decisivamente en la cultura. Los artistas de vanguardia se volcaron en una intensa actividad creativa, en la que la crítica urbanística y la alineación del capitalismo fueron objeto de su arte. Lucha que tomara especial relevancia en los años setenta y ochenta, y en el que la ciudad, será el marco adecuado para conquistar la “libertad”. Transformándose en críticas contra la alineación urbana, que los artistas y pensadores vislumbraban como un espacio de prosperidad y libertad, en constante transformación físico-temporal; consecuencias propias del nomadismo, y características inherentes a artistas como Constant o Absalon, donde la itinerancia y el desarraigo, les conducirán a la creación de estructuras que no se fijaban en ningún sitio.

Así, nacen las construcciones denominadas “céllules” (1992) de Abalon (Ashdod, Israel, 1964 – París, 1993), arquitecturas minimalistas, próximas al constructivismo de, De Stijl o Le Corbusier. Son metáforas de su propio mundo, que se enfrenta a un entorno hostil, un universo gris y estandarizado por los totalitarismos.
                                                                                                                
Afín a este nomadismo, será la ciudad realizada por el grupo Archigram (Architectural Telegram) en 1963, denominada “Walking City”, en la que ésta, se convierte en un “ente obsoleto”. Proyectos radicales que crearon importantes revueltas en los círculos arquitectónicos, realizando una crítica a la concepción americana de urbanismo, para ello, desarrollaron una serie de collages de carácter efímero, divertido y variable. Son sus “Instant City” (1964) o “Bousmonth Arcade” (1970), en los que representan enormes recintos, centros comerciales, estructuras panópticas de control ciudadano: “Los centros comerciales responden con aquello que la ciudad ha dejado de poseer; entornos limpios, seguros y a escala humana, donde la gente puede pasear y ver otra gente... No excluyen ni lo kitsch ni lo más cercano a la interacción y gustos humanos, sino que los encierran en un brazo protector. No encarnan visiones de lo ideal, sino que colman fantasias pedestres”, diría Kowinsky al respecto.
 Siguiendo con esta línea, nace en Florencia el grupo Archizoom (1966), prolongación de Archigram, y con el que compartían muchas afinidades. Estos rechazan la ciudad capitalista o moderna, reemplazándola por otras alternativas –introducción en la arquitectura del universo de los cómics y del pop art-, que los dota de gran originalidad. En su producción destaca la obra “No Stop City” (1969-72. Ciudades donde la arquitectura desaparece, sin formas, ni fachadas, construcciones subterráneas donde el problema de la iluminación natural desaparece, al realizarse la construcción bajo tierra, liberando así a la ciudad de la arquitectura, son por tanto intervenciones que inciden en la denuncia.

Absalón. "Celula"

Matt Mullican

Archigram



Melvin Charney

De gran relevancia actual, se presenta el colectivo catalán Metápolis, con obras de Vicente Gallart (Valencia, 1963) o Manuel Gausa (Barcelona, 1959), donde se reflejan espacios híbridos, naturalezas y ciudades que se mezclan: “La arquitectura que ya no es sólo arquitectura!!!, afirman.


Las ciudades ideales de Bodys Isek Kingelez (Kimbembele-Ihuga, Zaire, 1948), reinterpretaciones fatales de la modernidad, o los proyectos del “New Urbanism: Pearl River Delta” (1966), del arquitecto Rem Koolhass (Rótterdam, 1944); Las imágenes de ciudades o edificios recortados de periódicos de Melvin Charney (Montreal, 1935), donde en su “Un Dictionnaire: illuminatios...,” (1970-96), documenta los monumentos-maquetas en manos de lideres políticos; Los mapas del argentino Guillermo Kuitca, metáforas visuales de ciudades anónimas; o las visiones de la ciudad contemporánea occidental de Matt Mullican (Santa Monica, California, 1951), basadas en un vocabulario de signos y pictogramas relacionados con los medios de comunicación, iconos de carreteras, aeropuertos o espacios públicos, y la interrelación que se produce entre el espacio y el sujeto con la imagen. Obras, todas ellas, que nos muestran diferentes relecturas atentas del contexto urbano y social: “Desarrollando una visión critica del concepto de ciudad, de la comunicación y del lugar que el individuo ocupa en el entorno”.

Gordon Matta-Clark
Visión perfectamente plasmada en la obra del artista americano Dan Graham (1942), cuyo interés le ha llevado a estrechar la arquitectura, junto a la función del individuo en ella. Resaltan sus secuencias lineales de casas, donde se niega toda significación social. Y especialmente su proyecto-maqueta, “Alteration to a Suburban House” (1978), desarrollando la idea del “mirón”, la casa aparece como un escaparate donde lo público y lo privado queda sublevado.

Gordon Matta- Clark (Nueva York, 1943- 1978), utiliza casas y esqueletos de ed8ificios abandonados, transgrede los convencionalismos, creando un lenguaje que se alza contra la destrucción del centro histórico de la ciudad, lenguaje subvertido, ya que al deshacer, agujerear o destripar diferentes edificios, permitía la coexistencia de vida y muerte en un mismo lugar, son sus “antimonumentos”, edificios agonizantes, metáforas de la muerte de la ciudad.

Dan Graham


En efecto, la “ciudad” agoniza, la explosión tecnológica de las últimas décadas han convertido las ciudades en gigantescas metrópolis, y los centros históricos se mantienen con vida artificial, a través de las autopistas –tubos de oxigeno- o las máquinas gigantescas de su extrarradio. Ya sólo nos queda aquella ciudad de imagen reflejada, aquella en que sus cúpulas se sumergían en los canales, como la única verdad atestiguada.








Artículo publicado en la revista El Planeta n. 45. – “Contra la Arquitectura: EACC”